martes, 10 de junio de 2008

*[..:LAS RIMAS:..]*

La poesía de Bécquer se publicó en 1871 de forma póstuma bajo el título de Rimas. Las composiciones que se incluyen en esta obra, las llamadas rimas, son poemas breves, de tono popular y gran musicalidad, que versan sobre la creación poética o sobre el amor.
Las rimas se organizan en cuatro bloques:

  • Rimas I a VIII. Tratan sobre la poesía, el acto de la creación y el poeta:
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche el alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

  • Rimas IX a XXIX. Tienen por tema el amor visto de una forma esperanzada y alegre:
Oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran...¿qué sucede?
-Es el amor que pasa.

  • Rimas XXX a LI. Se centran en el desengaño amoroso:
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

  • Rimas LII a la LXXVI. Giran en torno a la soledad, el dolor y la muerte, tratados con un tono angustiado:
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

*[..:LAS LEYENDAS:..]*

Las Leyendas son un conjunto de relatos en prosa, frecuentemente de origen folclórico, en los que predominen los elementos maravillosos. En ellos se recrea una atmósfera de misterio en la que la realidad cotidiana se confunde con lo fantástico y lo sobrenatural. Bécquer escribió dieciocho leyendas, entre las que destacan El Monte de las Ánimas, Maese Pérez el organista, El rayo de luna, Los ojos verdes y La corza blanca. Todas ellas son relatos llenos de lirismo que se encuentran entre los mejores de la literatura fantástica española.

FRAGMENTO
" -Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío. ¿Qué os sucede? Desde aquel día, que yo siempre tendré por funesto, en que llegasteis a la fuente de los Alamos en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos. Todas las mañanas tomáis la ballesta para enderezaros en solitario a la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en balde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas, lejos de los que más os quieren? Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con el cuchillo del monte. Después de un largo silencio, el joven exclamó, como si no hubiera escuchado una palabra de su servidor: -Iñigo, tú, que eres viejo; tú, que conoces todas las guaridas del Moncayo, dime ¿has encontrado por acaso una mujer que vive entre sus rocas? -¡Una mujer! -exclamó el montero con asombro. -Sí -dijo el joven-; es una cosa extraña lo que me sucede, muy extraña... Creí poder aguantar ese secreto eternamente, pero no es ya posible. Voy, pues, a revelártelo... Tú me ayudarás a devanecer el misterio que envuelve a esa criatura que, al parecer, sólo para mí existe, pues nadie puede darme razón de ella... Desde el día en que llegué a la fuente de los Álamos y, atravesando sus aguas, recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se me llenó mi alma del deseo de la soledad. Tú no conoces el sitio. Mira: la fuente brota escondida en el seno de una peña y cae resbalando gota a gota por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen entre los céspedes, y, susurrando, se alejan por entre las arenas, y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen a su camino, y saltan, y huyen, y corren, unas veces con risas, otras con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco, a cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa para estancarse en una balsa profunda, cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde. Todo allí es grande. "